La semana pasada tuve una entrevista de radio con Relevant Radio, y la primera pregunta que me hizó el entrevistador, fue la siguiente: “¿cómo fue para tí tener que tomar la decisión de cerrar los edificios de la Iglesia durante esta pandemia? Mi respuesta inmediata fue: “Fue orrible, lo hicé con gran angustia”. Recé, recé y recé, y mi decision vino con profunda tristeza y vacío". He predicado apasionadamente sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, que es la “fuente y cumbre de nuestra fe”. Creo esto con todo mi corazón, mente y alma. Al ofrecer el sacrificio de la Santa Misa, creo que estoy sosteniendo al mismo Jesús que María sostuvo en sus brazos al nacer. Tener que cerrar las puertas de la casa de Dios, donde las personas son alimentadas con su Cuerpo y Sangre en su caminar, causó en mí un sentimiento horrible.

En la primera lectura de hoy del Deuteronomio, Moisés está hablando a la gente indicando que Dios dirigió su viaje en el desierto, "Él te dejó afligido por el hambre, y luego te alimentó con maná". Esta aflicción con el hambre es algo que muchos han compartido y que experimentaron en el período de “cuarentena" durante la pandemia. Esta aflicción causó una sed y un hambre mayor por el Cuerpo y la Sangre de Cristo con gran fervor.

Moisés recuerda a la gente que fueron conducidos y alimentados por la mano de Dios fuera de un lugar de esclavitud. Sin embargo, cuando las cosas no iban como ellos querían, comenzaron a quejarse con Moisés, lo que indicaba que estaban mejor en Egipto, allá sabían lo que recibirían a pesar de estar esclavizados. Esta es la naturaleza del pecado. Hay algo acerca de la condición humana, que fácilmente nos trasladamos a algo que nos es familiar a pesar de que no es saludable para nuestro cuerpo, mente y alma. Esto sucede con el comportamiento adictivo y abusivo. Es por eso que cada uno de nosotros lucha con el pecado habitual. Moisés le recuerda a la gente que es el Señor, tu Dios, quien te sacó de esta esclavitud. ¡Recuerdalo!
Además, lo que Moisés está haciendo es recordarles el Pacto que Dios hizó con el pueblo. Hoy, al celebrar la solemnidad del Cuerpo Sagrado y la Sangre de Jesús o “Corpus Christi,”reflexionemos sobre el movimiento litúrgico de la Iglesia. Cada año, la temporada de Pascua termina con la celebración del domingo de Pentecostés, seguido del domingo de la Santísima Trinidad y el domingo de “Corpus Christi”. Estas liturgias especiales se colocan intencionalmente en el calendario litúrgico, ya que reflejan nuestra teología católica.

 

La pandemia actual comenzó de manera extraña justo después del Miércoles de Ceniza. Estas son las primeras palabras de la primera lectura del Evangelio del primer domingo de Cuaresma: "El Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo". Sí, el diablo es una persona real pero la buena noticia es que Jesús triunfó sobre sus tentaciones. El movimiento de Jesús continúa hacia su pasión y su muerte que culmina con su Resurrección de entre los Muertos, declarando una victoria de la esclavitud, el pecado y la muerte.

Él, el Cristo resucitado, dirigió a los apóstoles y estableció una Iglesia que celebramos el domingo de Pentecostés. En el día de Pentecostés, la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles y la segunda lectura de la carta de Pablo a los Corintios, describe la Iglesia como el Cuerpo de Cristo. ¡El Espíritu vino sobre los Apóstoles como lenguas de fuego! Todos escucharon claramente el mensaje de Cristo en su propio idioma, mientras que Lucas describe las diversas regiones (grupos étnicos extremadamente diversos) representados allí. Pablo usa las imágenes del mismo Espíritu; muchos dones, muchas partes pero un sólo cuerpo.

El domingo de la Santisima Trinidad, la semana pasada, la primera lectura del Éxodo tiene a Moisés sosteniendo los Diez Mandamientos (todavía aplicable a hoy) y hablando con Dios para pedirle que viva y viva entre la gente. Él está describiendo una relación de pacto. Si tuviera que elegir una palabra para describir la Trinidad, sería la relación y comunión de las personas. El Evangelio describe la relación del Hijo y el Padre, expresando el deseo de que seamos llevados a esta relación,"Padre, para que sean uno como tú y yo somos uno"
Esta unidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo es un fuego vivo del amor ardiente de Dios. Una de las características que los israelitas entendieron en el Pacto que tenían con Dios, era la palabra hebrea, “rajamim” que es literalmente ese amor entrañable que una madre siente por su pequeño hijo. Este movimiento de la Trinidad extendiéndose y agarrando a toda nuestra persona ocurre en el Bautismo. Nunca se nos deja, pero tenemos libertad de elegir.

Dios sacó a los israelitas de la esclavitud, y Cristo nos guía en nuestro camino de fe a través de una relación viva con la Santísima Trinidad. El viaje avanza y cuando llegamos ante Cristo confesando nuestros pecados y pidiéndole que nos libere de la esclavitud y del pecado, no señala nuestro pasado, sino que atrae nuestros ojos hacia la luz, "ve y no peques más".

Sí, toda la vida sacramental de la Iglesia tiene la orden de dar gracia y sostener esta relación con Cristo, pero por encima de todo, Cristo viene a nosotros en su presencia real en la Sagrada Eucaristía. Esto nos lleva a la lectura del Evangelio de hoy, Juan Capítulo 6, El discurso del pan de vida, “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él ". Todo este capítulo es Jesús predicando sobre la intensidad del sacrificio ofrecido en la Última Cena, unido al sacrificio en el Calvario. Jesús se reúne con un grupo de seguidores. Entonces, el evangelio de hoy termina con el versículo 58, pero el Capítulo 6 continúa, y avanzando al versículo 60 donde escuchamos a alguien decir: "Este dicho es difícil, ¿quién puede aceptarlo?" Juan escribe que algunos de sus discípulos lo dejaron y regresaron a una antigua forma de vida. Se volvió hacia los 12 y les preguntó: "¿Me van a dejar también ustedes?" Pedro respondió: “Maestro, ¿a quién iremos? Tú tienes las palabras de vida eterna.

La razón por la cual enfatizo apasionadamente las mismas palabras de Cristo con respecto a la Presencia Real de su carne y su sangre, y las cuales no son un símbolo, se debe a un reciente estudio de investigación de PEW entre católicos, realizado el año pasado, por el instituto de investigación PEW, que publicó en los resultados del estudio que se hizo una pregunta sobre la creencia de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. El estudio indicó que el 70% de los católicos no creen en la enseñanza oficial de la Iglesia Católica, de que Jesús está realmente y sustancialmente presente, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Sagrada Eucaristía, en la Misa. Haría algunas preguntas sobre el estudio, pero el menor porcentaje de malentendidos de nuestra enseñanza es profundamente triste. Muchos de nosotros, obispos, hemos tenido conversaciones sobre este tema, y nos preguntamos, “¿cómo fallamos en nuestra responsabilidad de enseñar la fe cuando la Eucaristía, el sacrificio de la Santa Misa es la fuente y la cumbre de nuestra fe?”

La pasión de Cristo, de ofrecerse a sí mismo como un regalo perfecto es un encuentro con el pan vivo que descendió del cielo, "come mi carne, bebe mi sangre para que tengas vida eterna". Este encuentro más íntimo ocurre en la Misa. Veamos el movimiento de nuestro encuentro con la Santísima Trinidad en la Misa. Comenzamos la Misa con el Rito Penitencial reconociendo que somos pecadores y que necesitamos el perdón y la ayuda de Dios.
Somos alimentados por su Santa Palabra durante la Liturgia de la Palabra. Lo que hacemos a continuación es importante. Tomamos una posición y profesamos nuestra fe, con el Credo de Nicea. Cuando alguien desea ingresar al proceso de RICA para ingresar a la Iglesia, hay una cantidad significativa de tiempo dedicado al estudio del Credo, que es lo que nosotros creemos. Luego nos trasladamos a la Liturgia de la Eucaristía. Las palabras de institution son pronunciadas por el sacerdote en la misa y hay un cambio sustancial. Sí, la sustancia misma del pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por eso tenemos una profunda reverencia y cuidado por la Eucaristía. Usamos vasos sagrados, sábanas sagradas y vestimentas sagradas.

La Oración del Señor se dice a unísono, justo antes de recibir la Sagrada Comunión. Le pedimos a nuestro Señor que nos dé nuestro pan de cada día. La palabra griega en la Escritura de Lucas 11: 3 y Mateo 6:11, para pan es "Artos epiousion", que significa pan supersustancial. Cuando San Jerónimo tradujo la Biblia al latín, usó "panem nostrum supersubstantialem", nuestro pan supersustancial. Esto se traduce en la Oración del Señor como pan de cada día, pero tiene un significado claramente diferente a la comida regular que recibimos a diario.

Luego, venimos a recibir la Sagrada Comunión. Hay varias opciones que el sacerdote puede elegir para la Oración Eucarística, pero cada oración tiene una comunión con nuestro Papa Francisco, y en esta diócesis, con Chad, nuestro obispo. O si yo estoy celebrando la misa, diré, "yo, tu sirviente indigno". Todo este movimiento apunta al papel del Espíritu Santo en la Misa. El Espíritu Santo hace presente a Cristo en la Eucaristía, pero nos unifica como Su Cuerpo Místico. Hoy escuchamos en la segunda lectura, "aunque muchos, somos un solo cuerpo".

Luego, venimos a recibir la Sagrada Comunión. El sacerdote, diácono o Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión declara: "El cuerpo de Cristo". Respondemos, ¡Amén! ¡Yo creo! Cuando decimos, “creo”, estamos diciendo que creemos en las mismas palabras de Jesús del Capítulo 6 de Juan que escuchamos hoy, las cuales nos dicen que realmente, verdaderamente y sustancialmente que este es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo, y que estámos en Comunión con El Credo, con las enseñanzas profesadas por la Iglesia bajo el liderazgo apostólico y en unión con el papa, el obispo y el sacerdote ofreciendo el Santo Sacrificio de la Misa. ¡Sí, esto es realmente lo que sucede cuando decimos, ¡Amén! Esta es la razón por la cual el RICA es un proceso más largo para que la persona que dice Amén sepa lo que está defendiendo y lo que la Iglesia Apostólica profesa es la enseñanza de Cristo.

Las palabras de Jesús en el Evangelio son desafiantes. No retrocede ni explica las cosas de una manera diferente. Lo que hace es darse a sí mismo! Vivir en esta Sagrada Comunión con sus enseñanzas y dentro de la Trinidad que requiere de una gracia sobrenatural, por eso se nos entrega a sí mismo, como pan supersustancial, Artos Epiousion.

Mientras nos sentamos y meditamos después de la comunión, nuestra respuesta es dar gracias a Dios, desde el fondo de nuestros corazones y en unión.

Vivimos en una sociedad que está llena de individualismo y que se resiste. Y sí, nos afecta a todos. Entonces, recibir la Sagrada Comunión no se trata sólo de una fiesta de amor entre Jesús y yo. La persona sentada a mi lado, al frente o detrás de mí acaba de recibir al mismo Jesús. Esto es extremadamente crítico de aceptar. Esto nos hace hermanos y hermanas unidos verdadera y realmente por medio de la Presencia Real del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Nos convertimos en hermanos y hermanas de sangre profundamente conectados a un nivel que no podemos entender. Esto es mucho más profundo que cualquier relación étnica o familiar.

Luego, se nos envía con el despido, "Ve en paz, glorificando al Señor con tu vida". Así somos enviados al mundo. Este 14 de junio de 2020. ¿Dónde está nuestra sociedad hoy? En los últimos meses, he recibido muchos correos electrónicos, ya que todos hemos sido cautelosos y nos quedamos en casa. Algunos de los comentarios han sido: "Tengo miedo de lo que está sucediendo, dónde está Dios, estamos viviendo en tiempos muy extraños, estoy muy confundido, por qué el odio, por qué la violencia, por qué la division." Y así van los comentarios. Y sí, hay algunos momentos muy confusos y extraños. Y sí, el maligno tiene la táctica de engañar y dividir. Y está vivo y trabajando vigorosamente. Nosotros como pueblo católico debemos tomar una posición en contra de los graves pecados del racismo, del odio étnico, de la división y del comportamiento desenfrenado que conduce al asalto físico y la destrucción de la propiedad. Debemos adoptar una posición para proteger el bien común de la familia humana. Hay mucho enfoque en lo que estamos en contra.

Todo el movimiento de la enseñanza de Cristo que culmina en el sacrificio de la Santa Misa, es lo que defendemos. Tomamos una postura profunda de que todas las personas desde la concepción hasta la muerte natural son creadas a la imagen y semejanza de Dios. Este mensaje de la belleza, la bondad y la verdad de Dios necesita ser proclamado apasionadamente. ¿Cuando salgo de la misa, estoy lleno de la presencia real de Cristo, del Cristo viviente que toma posición por todas las almas creadas a su imagen y semejanza, las cuales son parte de su cuerpo místico? A medida que avanzamos glorificando a Dios con nuestras vidas, que nuestro corazón, mente y alma se concentren en esta realidad.